Monday, November 5, 2012

Wrocław, PL. Odra arriba, odra abajo.

¡Buenas y polacas tardes!

Esta mañana por fin he tenido tiempo, después de dos días de ajetrada vida nocturna y social, de perderme un poco por la ciudad de Wrocław en soledad y contemplar sus principales monumentos. El sentimiento es contradictorio. Por un lado, la ciudad posee partes con encanto: bonitas plazas abarrotadas de casas de estilo barroco, modernista y art-noveau; multitud de iglesias góticas de época bajo medieval fabricadas principalmente a base de ladrillo y con bellos tejados apuntados repletos de tejas de colores; y un sinfín de islas, canales y puentes sobre el río Odra (Óder) que, salpicados de multitud de árboles, son una delicia para la vista. Sin embargo, el casco histórico se haya también repleto de horrorosos edificios grises, de formas rectas y rezumantes de suciedad y contaminación que se mezclan de una manera ecléctica con la arquitectura típica anterior. Herencia de cincuenta años de desidia soviética tras las Segunda Guerra Mundial ya que, al igual que la mayor parte de las ciudades de Europa que fueron presa del conflicto, Wrocław sufrió una destrucción acentuada. La diferencia de las ciudades polacas con las alemanas es que la rehabilitación del entramado histórico en las primeras es, por decirlo de alguna manera, inexistente; donde antes había intrincadas callejuelas repletas de edificios de madera, ahora se yerguen moles de hormigón en las cuales familias se hacinan como abejas en colmenas. Donde antes había bellos canales y espaciosos jardines, ahora abundan edificios grises y tendido eléctrico para el tranvía. En fin, Polonia. Para lo bueno y para lo malo. Sin embargo, hay que destacar que la plaza principal, donde se alza majestuoso el antiguo ayuntamiento (tardogótico, del siglo XV), es muy bonita y tiene un encanto especial; junto a unas calles aledañas muy animadas y repletas de bares, restaurantes, algún que otro teatro y edificios de diversa índole.

Desde un punto de vista histórico, Wrocław (Breslau, en alemán), es la capital histórica de la región de Silesia, y tiene su razón en estar anclada sobre un vado del curso medio del río Odra (Óder). El núcleo originario de la ciudad está compuesto de varias islas y un conjunto de canales y brazos del río que se entremezclan de una manera espectacular y laberíntica. A lo largo de su historia la ciudad ha pasado por manos bohemias (checas), austríacas, prusianas, alemanas y polacas, quedando finalmente dentro de estas últimas tras los cambios fronterizos acaecidos una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Plaza principal y Ratusz (antiguo ayuntamiento), Wrocław

Ratusz (antiguo ayuntamiento), Wrocław

Casas en la plaza principal, Wrocław

Casas en la plaza principal, Wrocław

Casas en la plaza principal, Wrocław

Plac Solny (Plaza del mercado de la sal), Wrocław

Avenida y arquitectura típica soviética, Wrocław

Islas sobre el río Odra (Óder) y Catedral sobre ellas a la derecha, Wrocław

Islas sobre el río Odra (Óder) y catedral sobre ellas a la derecha, Wrocław

Uno de los canales del río Odra (Óder) a su paso por la ciudad, Wrocław

Fachada de la Catedral, Wrocław

Iglesia gótica típica de ladrillo, Wrocław

Iglesia gótica típica de ladrillo, Wrocław

Torre de la muralla primitiva, siglo XIII, Wrocław

Universidad, edificio típico barroco, Wrocław

Ahora, una curiosidad a nivel gastronómico. Es increíble lo bien que se bebe y que se come en este país (o por lo menos en esta ciudad). Unas cervezas excelentes, de lo mejor que he probado hasta la fecha, y una cocina magnífica donde priman carnes con o sin salsa, tubérculos diversos (principalmente patata y zanahoria) y verduras variadas. Pero, lo mejor de todo el precio que, sin ser barato, sí resulta excelente a nivel de calidad/precio. Para hacerse una idea, yo diría a bote pronto que comer aquí en restaurantes sale como 2 o 3 veces más barato que en España. Pero también me llama la atención que, en cuanto a precios, no todo es así, ya que por ejemplo la gasolina cuesta al cambio más o menos lo mismo. Moraleja, si estas en Polonia nada de McDonald's, pizzas y demás; que no merece la pena. Comida típica buena, sabrosa y muy barata. ¡Dicho queda para futuros viajantes!

Otra cosa que me ha llamado la atención es el hecho de que la ciudad está repleta de enanitos. Sí, he dicho bien, enanitos. Figurillas de bronce que aparecen como setas en los rincones más insospechados de la urbe y que representan formas diversas. Le he preguntado a Asia si sabía a qué se deben y no me ha sabido responder, aunque me ha dicho que llevan toda la vida ahí. En fin, es curioso ir andando por la ciudad y encontrarte este tipo de amiguitos detrás de una papelera, junto a la puerta de un restaurante, en mitad de una plaza o en cualquier otro recóndito lugar. Curioso, y a la vez simpático.

Enanitos sordo, ciego e inválido, Wrocław

Enanitos bomberos, Wrocław

Enanito ¿soldado con una alabarda?, Wrocław

Enanitos caritativos sosteniendo una urna para donaciones, Wrocław

Enanito aguador, Wrocław

Así que nada, voy a dar una última vueltecita por la ciudad antes de que termine de anochecer (pocos minutos de claridad quedan ya por aquí) y ya mismo estaré en casa, pues le he prometido a Asia que hoy a modo de despedida le cocinaría algo típico español. A ver qué puedo hacer innovador (estoy cansado de las tortillas de patatas), que no sea un "pringocheterío", que no se tarde mucho en elaborar y que sea más o menos ligerito. Complicada conjunción, pero algo se me ocurrirá seguro.

¡Hasta pronto!

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