Friday, November 16, 2012

Klaipeda, LT. Apacible vida báltica.

¡Buenas tardes!

Hoy escribiré un poco sobre Klaipeda, pues he contado un poco sobre los alredores de la ciudad, pero no sobre ella en sí. La misma se asienta cerca de la costa, a orillas del extremo de una enorme especie de albufera separada de mar abierto por una barra arenosa de casi cien kilómetros de longitud. Es precisamente esta privilegiada situación geográfica la que le otorga su razón de ser a la villa, ya que es un sitio ideal para emplazar, tanto en el pasado como en la actualidad, un puerto marino protegido de los avatares del agitado Mar Báltico.

Los orígenes de Klaipeda se remontan a la Edad Media, pues aparece citada por primera vez en un documento del siglo XIII. En sus inicios, tan sólo había un castillo en los alrededores, construido por los alemanes de la Orden Teutónica en su intento de cristianizar estos territorios norteños, a cuyos pies se fue formando un incipiente poblado. Por ello, la ciudad se vincula a la expansión germana por el Mar Báltico, y más tarde al Ducado y al Reino de Prusia, y no sería hasta el siglo XX cuando por fin la ciudad pasase de una manera definitiva a manos lituanas.  

Del castillo, que fue reformado durante la Baja Edad Media y en época moderna, apenas queda nada, aunque se está llevando a cabo in situ un importante proyecto arqueológico y de musealización para poner en valor sus restos. La ciudad vieja se extiende a los pies del castillo, en la margen izquierda del río Dena. El centro actual se yergue en la orilla opuesta del río, que no es muy ancho en su desembocadura y está cruzado por varios puentes. La estética de la ciudad es típica de la región; edificios comunistas, casas históricas estructuradas a base de vigas de madera y algún edificio mayor principal, como el teatro, de finales del XIX y principios del XX. Pocos vestigios quedan de época medieval y moderna, pues numerosos incendios y la destrucción sufrida en la Segunda Guerra Mundial, unido a la desidia arquitectónica soviética, le han dado el puntillazo al urbanismo histórico de la ciudad. 

Calle principal del centro, Klaipeda

Hotel Amberton, complejo de edificios más moderno de la ciudad, Klaipeda

Río Dena a su paso por la ciudad, Klaipeda

Casa típica, Klaipeda

Calle del casco histórico, Klaipeda

Calle del casco histórico, Klaipeda

Mercado en el casco histórico, Klaipeda

Antigua plaza del mercado, Klaipeda

Casa típica, Klaipeda

Plaza del teatro, Klaipeda

Teatro y plaza del mismo, Klaipeda

Restos de bastiones abaluartados de época moderna con foso, Klaipeda

Vista del lugar en el que se encontraba el castillo, Klaipeda

Base de torre circular medieval del castillo, Klaipeda

Sin embargo, Klaipeda posee puerto deportivo coqueto, uno comercial enorme y unos astilleros brutales (me recuerda un poco a Algeciras), con un tráfico comercial de varios cientos millones de toneladas al año. Uno de los grandes puertos del Báltico, vaya. Carácter marinero y portuario total.

Veleros en tierra cerca del puerto, Klaipeda

Explanada del muelle, Klaipeda

Bocana del muelle, Klaipeda

Astilleros, Klaipeda

Puerto pesquero y explanada del castillo al fondo, Klaipeda

Barra arenosa frente al puerto, tras ella está el mar abierto, Klaipeda

En lo que respecta a mí, sigo establecido en el mismo apartamento y llevando la misma vida disoluta que los días anteriores. Relax total junto a un poco de night-life, pero qué falta me hacía. Una semana dedicada a no hacer casi nada, y lo poco que hago lo hago de una manera tranquila, sin prisas, sin horarios. Definitivamente, la mejor manera de recargar las pilas para afrontar con energía la segunda mitad del viaje. Que viajar, parece que no, pero cansa mucho.

¡Feliz día!

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