Saturday, October 6, 2012

Parma, IT. De los Alpes a la llanura padana.


Buona sera!

Ya esta mañana he despedido mi amiga Serena en Induno Olona y tomado la autopista hacia el sur. Como había quedado con mi amigo Fernando (de Punta Umbría, pero al conozco de la Universidad de Sevilla) mañana domingo en Bologna, he decidido hacer una parada de un día en Parma, ciudad que coge de camino. Como sólo voy a estar un día, no he contactado con ningún couch hoster, así que he reservado una habitación en el Ostello della Gioventù de la ciudad y me he dicho, pues nada, a pasar un día en la ciudad del queso parmiggiano, Parmalat y la pasta Barilla en soledad. Un poco de turismo, una vueltecita y albergue prontito para descansar y empezar mañana a tope en Bologna. ¡Mis ganas! Ahora os cuento...

Antes que nada, decir que Parma es una ciudad situada en el margen derecho del río Po, en la llanura padana pero a pocos kilómetros de las primeras estribaciones apenínicas. De hecho, llegando a la ciudad por carretera las montañas comienzan a otearse a lo lejos. La verdad es que estoy teniendo una suerte loca con el clima esta primera semana, ya que ha hecho un sol radiante todos los días y sólo ayer un poco de nublado en Como, pero hoy en Parma ha hecho un día primaveral total, unos 25 grados y manga corta todo el día. Con un sol que quema. Y si no, que me lo digan a mí, que me veo la marca de las gafas de sol al mirarme al espejo. Europa? ¡Pero si parece que estoy en el Aljarafe!

Con respecto al patrimonio arquitectónico y artístico de la ciudad, absolutamente nada que objetar. Capital histórica del ducado de Parma, conserva algunos vestigios de época medieval (su catedral y baptisterio, románicos y en parte en transición al gótico, son impresionantes), pero no muchos comparados con otras ciudades italianas, quizás eclipsados por el esplendor que sufrió la urbe en época moderna, y que se refleja por los cuatro costados. Palacios impresionantes renacentistas y barrocos, donde destaca sobre todo el palacio ducal, iglesias recargadas propias del momento y un conjunto de calles más bien anchas que hacen inferir que la urbe sufrió cambios urbanos radicales en la época en cuestión. Pero no por ello Parma deja de ser monumental. Para nada. Aquí os dejo unas fotos.

Strada Garibaldi, Parma

Piazzale della Pace, Parma

Teatro Reggio, Parma

Piazza Garibaldi, Parma

Duomo, Parma

Battistero, Parma

Torrente Parma, Parma

Palazzo Ducale, Parma

Y ahora llega la parte graciosa del día. Resulta que visito el interior del Duomo (catedral). Son las tres y cuarto de la tarde y en el exterior el señor Lorenzo está dándolo todo. Así que digo, pues nada, entro y visito el Duomo, que se está fresquito, y así aprovecho. Doy la vuelta de honor, visito las capillas y me quedo un rato absorto observando las arcadas románicas del piso superior de la nave central. Hasta ahí todo normal. Pero veo un banco pegado a la columna, y digo, esta es la mía, así que me siento, apoyo la cabeza en la columna, echo para atrás la cabeza y cierro los ojos. Diez minutos, me digo a mí mismo, que los tengo merecidos. A rezar avemarías y credos, que yo soy muy piadoso y el entorno acompaña.

El sitio está casi en silencio, sólo roto por comentarios en italiano de guardas que llaman la atención a gente que habla por el móvil, padres que llaman a sus niños o la típica pareja de amigas que se cuenta sus cosas. Pero yo me entero de la mitad, claro, cosas del idioma. Y de repente, escucho una voz que se sobrepone a todas... ¡Quillo Paco, ven pacá! Y nada, abro los ojos, me pongo en pie y sigo con la mirada el origen de la voz. Y allí están, como no, un grupo de españoles que para variar doblan en decibelios al resto del personal.

Total, que los veo salir de la iglesia y me aproximo para darles el encuentro fuera. Lo siento, pero os he escuchado y no he podido evitar acercarme, ¡qué alegría escuchar el idioma de Cervantes por aquí! Y ellos se alegran de encontrarse también con paisanos, por lo que comenzamos a charlar. Cinco minutos, diez. Y ahora podemos ir a información y turismo, a pillar un mapa. Y luego podemos visitar este palacio. Y ahora vamos a ver el estadio del Parma, que no anda muy lejos. Total, como no podía ser de otra manera, me tiro las siguientes cinco horas con ellos pateando Parma y contándonos nuestras vidas. Es lo que tiene ser tímido, que cuesta conocer gente. Y encima si son un grupo de Erasmus de origen sevillano, cordobés y granadino, que estudian en Bologna pero que han venido a pasar el día a Parma.

Y para colmo, esta noche han quedado con amigos de amigos en Parma que hay no sé que fiesta Erasmus y se apuntan. Y claro, como no podía ser de otra manera estoy invitado. Hace falta no sé qué carnet de estudiante para entrar, me dicen. Y les digo, pues yo no tengo. Y me dice alguien, pero no te preocupes que conozco a no sé quién que trae carnet gratis para todos, que hay más gente que no tiene. Y encima conozco al de la barra, así que no preocuparse de las bebidas. Así que nada, yo tan triste me vuelvo para el albergue, que tengo que coger la llave de la habitación y darme una ducha, y con toda la pena del mundo voy a prepararme para irme de fiesta por Parma. Livin' la Erasmus loca, como cantaba Ricky Martin, o algo parecido.

Así que nada, vine a Parma solito pero he pasado un estupendo y agradable día en compañía. Y encima una fiestecilla, para rematarlo, ¡que ya hay ganas! A ver como se tuercen las cosas. Voy cerrando esto, que ya voy llegando tarde. ¡Y lo mejor de todo es que esto es un aperitivo de lo que espera en Bologna! El día fuerte para salir allí es el martes, me han dicho, y yo flipando. ¡Qué miedo!

¡Besos y abrazos!

Como, Induno Olona, IT. Dando una vueltecita por Lombardía.

Buona notte amici!

Ha sido un día completo y a la vez interesante. Junto a mi amiga Serena, hemos pasado el día en la vecina ciudad de Como, haciendo un poco de turismo. Y por la tarde/noche, cenita en Varese con su grupo de amigos que me ha servido para ponerme las pilas con el italiano. Porque, rodeado de 12 personas hablando en italiano, la verdad es que no queda más remedio si se quiere integrar uno. Pero la verdad es que lo he pasado bien, me han enseñado muchas cosas, he desoxiado mi escaso italiano (¡espero tener tiempo de mejorarlo en estas dos semanas que me quedan en Italia!) y he pasado un rato bastante agradable, que hacer un poco de vida social de tanto en cuanto no viene nada mal.

Como es en una ciudad que se encuentra también en Lombardía, al norte de Milán, unos 25 km al este de Varese. La verdad es que la visita me ha sorprendido gratamente, ya que es una ciudad de tamaño medio, pero enclavada a los pies de un lago glaciar rodeado de suaves montañas prealpinas salpicadas por bosques caducifolios y coníferas. Un marco inigualable que ofrece paisajes sorprendentes, ya que en la ciudad y sus alrededores se concentra buena parte de las casas/palacio de verano de la élite burguesa de Milán, con lo que os podeis imaginar que tipo de viviendas gasta el personal en la zona.

A pesar de ser una fundación romana del siglo I A.C., la mayor parte de la ciudad antigua tiene un marcado carácter medieval y de época moderna. Un duomo (catedral) tardogótico en buena parte rehecho en arte barroco, una iglesia (Sant Fedele) preciosa de estilo románico lombardo muy al gusto de las que se encuentran en Cataluña (el arte románico lombardo fue importado en el norte de  España por maestros constructores y artesanos que en el siglo XII vinieron de Lombardía, de ahí su nombre), un circuito amurallado en el que destaca la puerta de acceso principal a la ciudad, obra también románica, y un conjunto monumental sobresaliente de palazzos medievales, renacentistas, barrocos y neoclásicos que dotan a la urbe de un carácter artístico ecléctico pero a la vez armonioso.

Lago di Como, Como

Piazza del Duomo, Como

Palazzo Comunale, Como

Parte anterior de la iglesia de Sant Fedele, Como

Puerta principal de la ciudad medieval, Como

Palacio medieval, Como

Piazza del Grano e iglesia de Sant Fedele, Como

Hoy toca escribir poquito, que es tarde. ¡A descansar mucho que mañana espera un largo día por delante!

Friday, October 5, 2012

Arles, Briançon, FR; Varese, Induno Olona, IT. De Provenza a Lombardía.

Au revoir France! Y buon giorno Italia!

Esta mañana me he despedido de Eleonore. La verdad es que han sido unos días muy agradables, aunque hemos estado poco tiempo juntos, un rato a la hora de cenar y poco más. Sin embargo, ayer, como era el último día, celebramos jornadas gastronómicas transpirenaicas, ya que ella se regaló con una botella de Bordeaux y yo me curré una tortilla de patatas de 8 huevos buena, buena. Typical Spanish, como dicen por ahí... Y de la que cagó el moro. ¡Así que nada, hasta pronto y gracias por tu acogida, Eleonore! Por descontando, de la botella no quedó ni el corcho, aunque de la tortilla Ele se guardó la mitad para almorzar hoy, que tampoco era plan de que nos diera un subidón de colesterol.

Luego, he estado buena parte del día de hoy conduciendo. Salí de Arlés temprano, sobre las 8.30 de la mañana, camino de Italia. En principio hay tres grandes caminos que conectan Francia con Italia. Por un lado, el costero (por Cannes, Niza, Mónaco). Por otro, el norteño (por Grenoble a la altura de Francia y el valle de Aosta en Italia). Y, entre medio, otro alternativo y un poco más rebuscado, que es el del valle de Briançon en Francia y el valle de Susa en Italia. Este último es el que elegí, ya que quería ver algo de montaña en mi tránsito hacia el valle del Po y sentir un poco lo que debió de sentir Aníbal al cruzar los Alpes, aunque él iba con decenas de miles de soldados y elefantes, tardó varias semanas y lo hizo en pleno invierno y yo en cambio iba solo, en mi coche y tardé una mañana. ¡Como han cambiado las cosas!

Por ello, conduje desde Arlés hasta Aix-en-Provence, y de ahí poco a poco al interior hasta internarnos por un valle Alpino en cuyo final se encuentra la ciudad de Briançon, oficialmente la "ciudad" (por número de habitantes) que se encuentra a más altura de Europa (unos 1300 m). Es una ciudad muy bella, fundada en el siglo XVII junto con sus dos ciudadelas anexas por Luis XIV bajo la dirección del genial maestro de obras Vauban. Merece la pena detenerse unos instantes, perderse por sus callejuelas y degustar algún plato típico en alguna de sus terrazas, y más con varias horas de conducción en el cuerpo.

Iglesia y fortificaciones de la cité, Briançon

Entrada a la cité y ciudadela, Briançon

Complejo defensivo abaluartado de la cité, Briançon

Calle principal de la cité, Briançon

Luego, tras dejar atrás Briançon tocaba subir el puerto de montaña que separa Francia e Italia. No queda muy lejos, aunque tiene unas rampas y curvas curiosas y hay que ir despacito. Desde casi arriba del todo, todavía dentro del lado francés, la panorámica del valle alpino de Briançon es inmejorable. En la fotografía de abajo se puede ver, en mitad del valle y situado en la cima de un cerrete, la ciudadela de la ciudad (la misma se desarrolla en la ladera opuesta y queda oculta desde esta vista).

Valle de Briançon, vista SO

En un momento dado, la carretera tuerce bruscamente hacia el Este para remontar el puerto de montaña, aunque el valle de Briançon se prolonga hacia el Norte, conectando con otro que sale de Grenoble y que va a desembocar a los mismos pies del Mont Blanc. La panorámica de la prolongación del valle de Briançon es muy bonita también.

Valle de Briançon, prologanción N

Finalmente, tras pasar la frontera y llegar a Italia, poca cosa que comentar. Bajada por el valle de Susa camino de la circunvalación de Turín, búsqueda de la autopista de Milán y a mitad de camino desvío hacia el Lago Maggiore. Por ahí, sin prisa pero sin pausa, comienzo a serpentear por ciudades de tamaño medio y nacionales de mala muerte con más rotondas que los carriles de los campos de Chiclana, hasta llegar a Induno Olona, muy cerca de Varese, de donde es mi amiga Serena (a quien conocí en Londres hace cuatro años y que no había vuelto a ver, aunque manteníamos el contacto), con quien me quedaré un par de días.

La anécdota, por llamarlo alguna manera, del día, porque poca gracia me ha hecho, me ha pasado en Briançon. Voy subiendo la rampa camino de la ciudad vieja buscando un sitio para aparcar cuando de repente veo una calle con una señal de dirección prohibida y varios coches aparcados en ella, aunque el tercero de ellos era un hueco libre. Me meto los 10 metros de calle que me hacen falta para aparcar, aunque marcaba dirección prohibida, para dejar el coche, cuando me salen ipso facto dos coches de gendarmes que me dan el alto. Documentación, carnet y datos del coche, me dicen. Que eso no se hace, que es peligroso. Pero mire usted, que sólo quería aparcar. Que no, monsieur, que no se puede hacer, y que o paga la multa o el coche se queda aquí. ¿Qué multa? Digo yo, haciéndome el loco. Son 90€. O los paga o se queda el coche aquí. ¿Pero cómo los voy a pagar? Venga ya, que son 10 metros nada más lo que me he metido, y para aparcar. Que o paga o búsquese una grúa para que le remolque el coche a su casa, me dice. Así que nada, pago, me hace un recibo firmado por él y dos compañeros suyos y se van tan contento. 90€ que salen de mi bolsillo y se van para pagar nóminas de trabajadores del ayuntamiento de Briançon. Vaya tela. Con la ley en la mano, lo tengo merecido, en lo que queda de viaje vamos, no me salto ni un ceda el paso. Intento no pensar en ello, pero me ha medio dado el día. Menos mal por lo menos que hace dos días me ahorré los 18€ del Pont du Gard, así que la multa es como si hubieran sido 72€ en vez de 90€, con eso, al menos, algo de consuelo gano.

¡Buenas noches!

Wednesday, October 3, 2012

Nîmes, Arles, FR. El tiempo justo para trazar unas pinceladas.

¡Buenas tardes!

Ha sido un día agotador, aunque ya estoy de vuelta. Esta mañana he estado en el museo romano de Arlés, que me había quedado pendiente de ayer, pero fui tempranito por lo que sobre las 12.00 ya estaba en Nîmes, tiempo de sobra para obtener una panorámica de la ciudad.

En primer lugar, decir que Nîmes es una ciudad que poco se parece a Arlés, ya que es más "ciudad" en el sentido estético de la palabra. Enormes boulevards, bloques de pisos en las afueras, zonas comerciales más amplias y mucho más grande en extensión que la primera. Además, multitud de casas-palacio tan típicamente francesas, con un aire a las inglesas de estilo victoriano. Supongo que algo tendrá que ver el hecho de que tuvo cierto esplendor en los siglos XVIII y XIX por la agricultura y la industria algodonera, que le ha dejado un look and feel ciertamente parisino.

Panorámica desde le Tour Magne, Nîmes

Sin embargo, el enblema de Nîmes, al igual que el de Arlés, es su anfiteatro romano, perfectamente conservado, y tan famoso en España por las corridas de Toros. La verdad es que si el de Arlés se conservaba en perfecto estado, éste está todavía mejor, ya que conserva buena parte de la galería superior sobre la segunda hilada de arcos. Lástima que esté en una zona con tráfico, ya que la piedra en varias zonas está bastante oscurecidad, aunque se ve que lo están restaurando.

Vista del anfiteatro romano, Nîmes

Detalle de los arcos del anfiteatro romano, Nîmes

Tras el anfiteatro, y remontando el boulevard de Víctor Hugo, nos sorprende el templo de culto imperial augusteo de la antigua colonia romana de Nemausus (Nîmes). Es cierto que fue restaurado por Norman Foster en el año 1992, pero aún así es de los que mejor he visto en mi vida. Ciertamente, si sólo hubiera tenido que venir a Nîmes para ver esto hubiese merecido la pena.

Vista frontal-lateral del templo augusteo, Nîmes

Vista trasera del templo augusteo, Nîmes

Aunque parezca mentira, la ciudad cuenta con más restos romanos de envergadura, entre los que cabe destacar otro templo romano dedicado a la diosa Diana. No se conserva tan bien como el otro, aunque sus ruinas imponen igualmente. La pena es que se conservan grabados del siglo XVI donde el monumento aún conservaba la mayoría de las paredes y buena parte de la techumbre, ya que fue habitado durante la Edad Media como monasterio. Sin embargo, no pudo sobrevivir a la Edad Moderna en el mismo estado, y se nos presenta de la siguiente manera.

Templo de Diana, Nîmes

Nemausus (Nîmes) contaba con un perímetro amurallado descomunal, de unos 7 km encerrando algo más de 200 hectáreas. Y en cuanto a topografía urbana, es una ciudad de contrastes, ya que presenta zonas llanas con colinas que la circundan, y los asentamientos se presentan de manera heterogénea entre ambos. Pues en la colina más alta que rodaba a la ciudad se encuentra La Tour Magne, perteneciente al circuito amurallado romano de época augustea y que ha llegado a la actualidad en muy buen estado, y desde cuya cima he podido tomar la panorámica de la ciudad que abre este post. 36 metros de opus caementicum revestido de un opus vittatum de inmejorable calidad, definiendo esta torre de defensa / vigía de forma poligonal. Sencillamente increíble.

Le Tour Magne, Nîmes

¿Os acordais de que ayer os contaba que el Pont du Gard, uno de los acueductos romanos más famosos del mundo, era el encargado de traer agua a la ciudad de Nîmes? Pues he aquí el Castellum Aquae de la ciudad de Nîmes, es decir, una especie de depósito de agua donde desembocaba el acueducto y desde donde se realizaba el reparto de la misma por los diferentes barrios de la urbe.

Castellum Aquae, Nîmes

Nîmes apenas conserva restos de su perímetro amurallado romano, ya que a diferencia de Arlés, la primera sufrió gravemente la crisis del Bajo Imperio romano y quedó prácticamente despoblada durante buena parte de los dos últimos tercios del I milenio D.C. Ello ha provocado que, aunque urbanísticamente hablando resurgió en época plenomedieval, el trazado urbano de la antigua ciudad romana está perdido casi por completo y del perímetro amurallado apenas se conserva nada, ya que seguramente la mayoría de los materiales fueron reaprovechados para construcciones de época medieval. Sin embargo, sí que se conserva, de la época fundacional de la colonia, la Puerta de Augusto, un cuádruple arco monumental (arcadas laterales para viandantes, centrales para carros y mercancías) flanqueado por dos torreones cilíndricos (que no se conservan), donde se iniciaba el Decumanus Maximus al paso de la Vía Domitia por la ciudad. Pocas puertas he visto tan monumentales como ésta, ya que las arcadas cuádruples en época altoimperial son bastante infrecuentes debido a su monumentalidad. Se dice que la Puerta del Puente de Emérita Augusta (Mérida) debía ser en forma y tamaño parecida a esta, a tenor de las imágenes que nos han llegado de la misma a través de la numismática. Sin embargo, nada ha quedado de ella, mientras que la de Nîmes ha tenido más suerte.

Porte d'Auguste desde fuera, Nîmes

Porte d'Auguste desde dentro, Nîmes

No tan monumental como la Puerta de Augusto, la Puerta de Francia es la única junto con la anterior que ha llegado hasta nuestros días, de las más de diez que disponía Nemausus. No se encontraba en el tránsito del Decumanus ni el Cardus Maximos, por lo que sólo presenta una arcada principal, aunque me ha llamado la atención el detalle decorativo superior, con metopas, triglifos y capiteles plenamente inspirados en el arte dórico, a diferencia de la mayoría de monumentos de la época, que suelen estar más influidos por el arte corintio.

Porte de France, Nîmes

¡Ya está bien de restos romanos! Podría tirarme toda la noche escribiendo sobre los restos de Nemausus, pero no es plan. El casco urbano medieval de la ciudad (una porción insignificante de lo que llegó a ser la ciudad romana) es, por igual, bello y coqueto. Calles comerciales peatonales, llenas de bullicio y vida, donde no faltan plazas llenas de terrazas que se abren ante el entramado laberíntico típico de las urbes de la Edad Media.

Place du Marché, Nîmes

Rue de l'Aspic, Nîmes

Place de l'Horloge

Nîmes es también sede episcopal. Su catedral es un bello ejemplo de arquitectura románica del Languedoc, aunque fue muy modificada en estilo gótico durante el siglo XIV, y buena parte de su interior es de época moderna. Sin embargo,  merece la pena detenerse unos instantes en lo armonioso de las arcadas de medio punto situadas a la izquierda del rosetón, típico de la arquitectura de principios del siglo XII.

Cathédrale de Notre Dame et Saint Castor, Nîmes

Por otro lado, Nïmes no sólo tiene monumentos romanos y medievales. Del siglo XVII nos ha llegado una fortaleza típica del momento, en forma de estrella y dotada de baluartes para protegerse de la artillería, tan de moda en la época. Como no podía ser de otra manera, tiene el sello de Vauban, el famoso ingeniero militar frances contemporáneo a Luis XIV.

Entrada al Fort Vauban, Nîmes

Para terminar, una bonita historia sobre la historia de la fundación de la ciudad. Nemausus fue fundada a finales del siglo I A.C. por Augusto, como una colonia para asentar a parte de los legionarios que le habían acompañado fielmente durante los últimos años de guerra civil. Una vez asentado en el poder y cerradas las puertas del Templo de Marte en la Ciudad Eterna, la Pax Romana era un hecho. Pues bien, parece ser que en la ciudad de Nîmes se asentaron legiones que participaron en la campaña de Egipto, cuando las tropas de Augusto acabaron persiguiendo a Marco Antonio y Cleopatra tras la victoria de Actium, campaña que acabó con el País del Nilo sometido a Roma. Debido a su participación en esta campaña, los nuevos habitantes de Nemausus adoptaron la efigie de un cocodrilo (animal sagrado en Egipto, y muy común de encontrárselo en el Nilo por entonces) y una palmera (abundante aquella zona) como emblema de la ciudad, acuñaron moneda con dicha imagen (yo he visto hoy varias de esas monedas, y la verdad es que impresionan) y lo que es más, el cocodrilo y la palmera siguen siendo hoy en día emblema de la ciudad de Nîmes.

Cocodrilo y palmera, emblema de la ciudad de Nîmes

Pero la imagen que os presento abajo es más curiosa todavía, un detalle escultórico que me he encontrado en mitad de una fachada de un edificio de época moderna en una calle del centro de la ciudad, y que me ha encantado. El trozo pétro esculpido seguramente fuera parte de un edificio público romano y fue reaprovechado con posterioridad en el edificio que os acabo de describir. Si nos fijamos bien, se puede observar el torso de un águila (le falta la cabeza), y tras él, a su lado, lo que parece ser una larga cola de cocodrilo africano. El águila imperial, símbolo de la fuerza de las legiones romanas, aguantando por la cola, luchando, quizás no dejando escapar en su cobardía, al cocodrilo egipcio. Una bonita manera de reflejar la victoria de la todopoderosa Roma sobre su rival egipcio. Una bonita escultura parte de edificio dedicado a engrendecer la historia de la participación de los fundadores de la ciudad en la conquista de Egipto, que seguramente los primeros habitantes de Nemausus y sus descendientes llevaron siempre con orgullo. Para que, siglos más tarde, desgastada por los estragos del tiempo y la desidia, languidezca ignorada ante la presencia desenfadada de los transeúntes.

Escultura de torso de águila y cola de cocodrilo, Nîmes

Creo que es el último día que escribo tanto, ¡que llevo una hora elaborando este post! A este ritmo voy a estar más tiempo redactando que visitando cosas. Nada, lo dicho, intentaré a partir del próximo día tomarme las cosas con más calma, porque lo bueno, si es breve, dos veces bueno. ¡Hasta pronto!

Tuesday, October 2, 2012

Uzès, Pont du Gard, Arles, FR. De paseo por la Provenza.

¡Buenas noches!

Vaya día más completo, y no falto de sobresaltos.

Voy por partes. He pasado la mañna en Arlés, donde he visitado por dentro los monumentos más representativos de la ciudad, después de la panorámica a pie de ayer: Iglesia y claustro de Saint Trophime; románico en transición al gótico con un pórtico que nada tiene que envidiar a Ripoll o Compostela; el criptopórtico del foro romano, bajo la plaza de la república; el teatro, mejor conservado de lo que parecía, y el anfiteatro, simplemente impresionante.

Nave principal de la Eglise de Saint Trophime, Arlés

Critopórticos subterráneos del foro, Arlés

Interior del anfiteatro, Arlés

Gradería y parte de la escena del teatro, Arlés

Al final el museo romano estaba cerrado (¡vaya puntería!), aunque abren mañana. Así que para aprovechar la tarde he seguido el consejo de mi amiga Caro (que sí, Caro, que voy a visitar Clermont, ¡pero en diciembre, a la vuelta del viaje!) y he pasado a ver la ciudad de Uzès, a unos 50 km de Arlés. Es una ciudad pequeñita, pero que conserva un interesante casco urbano medieval y de época moderna, rodeado todo su antiguo perímetro amurallado por bellos boulevards de estilo parisino. Sin duda, un lugar ideal para pasar un par de horas y tomar un cafelito :) No sé por qué, pero salvando las distancias me ha dado un aire a la villa de Pals (Empordà catalán).

Place aux Herbes, Uzès

Callejuela, Uzès

Tour de l'Horloge y tour du Château Ducal, Uzès

Finalmente, como voy a ir a ver el museo romano de Arlés mañana y quiero que me quede tiempo de sobra para ver bien la ciudad de Nîmes, he visitado a la vuelta de Uzès el Pont du Gard, el famoso acueducto romano que está en los alrededores de dicha ciudad. Impresionante, merece la pena venir a Provenza sólo para contemplarlo; quizás no supera arquitectónicamente al de Tarragona, pero el entorno es mucho más bello, en un valle rodeado de colinas y acantilados calcáreos con abundante vegetación mediterránea.

Pont du Gard, cara E

Pont du Gard, cara O

Para finalizar, la anécdota del día. Llego con el coche a los alrededores del acueducto y veo una valla con un cartel que pone 18€ parking + entrada, por lo que ipso facto se me corta la respiración.  Haber venido hasta aquí e irme sin verlo es inadmisible, y más siendo una de las cosas que sí o sí tenía que visitar en la región. Y pagar 18€ por ver un acueducto es también inadmisible, así que me digo a mí mismo, esto lo va a pagar un romano (nunca mejor dicho, dado el origen del monumento). De este modo me doy vuelta para atrás, aparco el coche a unos 800 m más o menos de la entrada (porque en el camino a la entrada no hay ni un sitio para dejar el coche ni siquiera en el arcén de la carretera, lo tienen bien pensado los francesitos), en el parking de un restaurante, y me encamino a pie hacia la entrada del monumento. Veo que sólo hay un guarda en puerta que da acceso al parking, y detrás de él un edificio grande a través del cual empieza un sendero que lleva al acueducto (que obviamente está en el valle, oculto a la vista desde la carretera y el parking). Así que hago la trece catorce y entre granjas, meadows y veredas mal desbrozadas pego un rodeo campo a través y me cuelo dentro del recinto del monumento. Una vez en el interior, me mezclo entre los cientos de turistas que había allí y que religiosamente habían pagado 8€ de entrada (más 10€ si llevaban coche). Y nada, a disfrutar de las vistas y con 18€ más en el bolsillo, que buenos son, con #mascaraqueespalda. Llevando bien alto el pabellón español. Y me da igual que esto no sea políticamente correcto. Pero 18€ por ver un acueducto es mucha tela, hasta para mí. Y olé.

Para rematar el epílogo, el susto del día. A la salida del Pont du Gard, vuelvo a meterme por el sendero que había encontrado para esquivar la entrada, pero esta vez me digo: voy a buscar un atajo que antes he dado mucha vuelta. Entonces me meto en un berenjenal horroroso porque había demasiados matorrales y consigo salir, aunque a costa de algún que otro arañazo. Total, nada, llego al coche. Al montarme veo que tengo la cremallera del bolsito abierta y la cámara no está. Y me quedo blanco. Así que vuelvo tras mis pasos y deshago 500 m de recorrido entre arbustos y espinas mirando por el suelo dónde se me ha podido caer la cámara, obviamente deteniéndome en los sitios de más difícil acceso porque es donde había más probabilidades de que se me hubiera desprendido. Un cuarto de hora. Media hora. Y yo dando vueltas, desgranándome la vista mirando al suelo por doquier, sudando, desesperado. Maldiciendo a mi suerte porque por ahorrarme 18€ me iba a tener que comprar una cámara nueva, y que menos que 200€ para fuera buenecita. Si es que nadie da a duros a cuatro pesetas, me repetía. Tendría que haber pagado. Pero pagar 18€ por ver un acueducto, ¿y encima a los frances? ¿Con lo reciente que está lo de Cádiz, hace 200 añitos sólo? "Ni mijita", como dicen en mi tierra, antes pierdo la cámara. Pero el tiempo pasa y pienso en desistir. Una vez, dos veces, tres veces. Si es casi imposible encontrar la cámara entre la maleza. Y venga a sudar, y venga a sudar. Y queda media hora de sol, me digo, que luego no salgo de aquí ni a voces. Y justo cuando iba a abandonar la veo allí, quietecita, entre unas hojas, junto a un árbol, con un brillo reluciente a la luz del ocaso que para mí valía más que un diamente de 800 quilates. Así que la recojo, le doy un beso, me la meto en el bolsillo (que no el bolsito) y me vuelvo para el coche. Y para casa, con mi cámara en el lomo y  18€ de más en la cartera. Feliz jornada, y encima me ha dado el solecito y he cogido tonito :)

Moraleja: 1) Más vale cerrar bien la cremallera cuando vas por mitad del campo. 2) Hay que inventar cámaras de foto con GPS incorporado y geolocalizables vía móvil (¿lo habrá patentado ya alguien). 3) La culpa de todo, obviamente, es de los frances por poner la entrada a 18€. Si el ticket hubiera costado algo razonable hubiera dejado mi coche en mi parking, pagado mi entrada y tan felices. Pero entonces la tarde no hubiese sido ni tan divertida ni tan emocionante.

Mañana más, pero mejor no porque es imposible (Gran Wyoming, El Intermedio). Bon soir!

Arles, FR. ¡Buenos y provenzales días!

¡Buenas!

Nada mejor que despertarse e irse a hacer un poco de deporte, que hay que mantener esa maltrecha rodilla en forma. Y si puede en un entorno privilegiado como el antiguo perímetro amurallado de la ciudad de Arlés, mejor que mejor, ¿no? Ello en honor de mi amigo Apolo, que sé que le chifla correr alrededor de murallas... ¡Va por ti my friend!

La verdad es que he tenido mucha suerte con mi couch hoster. Se llama Eleonore, es de mi quinta y trabaja en una empresa que elabora recreaciones de productos arqueológicos pero en plan merchandaising para las empresas (suena raro, lo sé). Pero vamos, genial. Una chica encantandora, muy simpática, que nada más conocerme me invitó a una pinta de cerveza (¡menos mal que luego me dejó pagar las cosas de la cena en el súper, aunque trabajo me costó!). Y, para colmo, me ha dejado una copia de las llaves de su casa y se ha ido a trabajar. See you tonight, me ha dicho. Y nada, ¿qué podía decir yo? Pues que home sweet home :) (ésta de las ventanas granates es su casa, en pleno centro medieval de Arlés, en un área llamada bourg vieux).

Home sweet home, Arlés

Eleonore me ha recomendado que vaya al museo romano de la ciudad, que es uno de los más importantes de Francia en la materia, así que habrá que hacerle caso, y me pasaré esta mañana. De todas maneras es impresionante el patrimonio arqueológico que tienen por aquí, tanto romano como medieval. La ciudad conserva el anfiteatro (arena) perfectamente (casi como el Coliseo de Romano), buena parte del teatro (más que en Cádiz, peor que Mérida), un trocito del circo (algo menos que en Toledo), restos de criptopórticos del foro y unas termas de época de Constantino que son una delicia, no muy grandes, pero estupendamente conservadas. Así que me voy a poner las botas hoy. De hecho, me resultó muy curioso la cantidad de restos arqueológicos desperdigados por el suelo en mitad de la ciudad, a la intemperie, que en cualquier otro lugar (salvo Roma o Estambul, donde por cantidad y densidad reciben el mismo tratamiento de protección, osea ninguno) formarían parte de un museo. No podían faltar basas, columnas y frisos, entre otros, todos de época romana.

Alrededores del teatro romano, Arlés

Ayer tocó paseíto por fuera, hoy habrá que elegir y entrar dentro de algún monumento. Uno que seguro que va a caer, como no puede ser de otra manera, es el anfiteatro, aunque creo que lo dejaré para la tarde.

Anfiteatro romano de Arlés

No puedo evitar dejaros otra vista del anfiteatro, porque es impresionante. Sillares de una calidad sublime engarzados a hueso de una manera tan armoniosa que apenas se ven la juntas. Es increíble que ya en el siglo I se alcanzara una técnica arquitectónica que no se llegaría a igualar hasta prácticamente el siglo XVI, el Renacimiento.

Anfiteatro romano de Arlés

Podría poneros decenas de fotos más de este monumento, otros y algunas vistas bonitas de Arlés, pero entonces me tiraría toda la mañana posteando. Sin embargo, para finalizar, creo que merece la pena una vista de las termas de Constantino (siglo IV).

Termas de Constantino, Arlés

Bueno, venga, ¡una última! He aquí la llamada plaza del foro, en el corazón de la ciudad antigua, un lugar muy bonito salpicado de cafés y boulangeries, en el que merece la pena detenerse aunque sea unos instantes. Y encima, para rematarlo, la plaza preserva algunos restos del antiguo (como su nombre indica) foro de la ciudad romana (detrás de la estatua, empotrados en un edificio, aunque visibles), en este caso una especie de fachada monumental con ciclópeas columnas graníticas rematadas por capiteles corintios, que sostentan restos un frontón ricamente ornamentado.

Plaza del foro, Arlés

Ya creo que está bien por hoy. ¡Besos y abrazos!

Monday, October 1, 2012

Arles, FR. Primeras horas de viaje.

Hola!

Ya estoy en Arles, una ciudad del sur de Francia, cerca de la desembocadura del río Ródano y apoyada sobre éste, con un pasado romano, medieval y moderno muy interesante por descubrir.

De momento, nada más llegar al centro me he encontrado con una torre medieval aislada, de forma poligonal (a falta de murallas conservadas, bueno es que aparezca alguna torre de vez en cuando). No soy muy experto con la arquitectura y el arte medieval provenzal, pero me así a bote pronto, me atreveriría a datarla en un gótico civil pleno, entre los siglos XIII y XIV. Bonitos matacanes (o lo que queda de ellos), por cierto. Si os fijais bien, a mí me da un aire a las torres de la Puerta de Serranos, en Valencia. ¿Qué os parece a vosotros?

Torre medieval de Arlés

Con respecto al viaje bien, todo sin problemas. Quedé para desayunar en Barcelona con Pablo, que no lo había visto todavía (¡un abrazo y enhorabuena otra vez!), y luego me puse manos a la obra, chino chano, hasta la Provenza francesa, que es donde me encuentro ahora. Una paradita en La Jonquera, último pueblo en territorio patrio, y despacito y con buena letra hasta mi destino.

Curiosas las autopistas francesas. Por un lado, hay unas especies de "merenderos" cada 10 km o así, a intervalos regulares, pero sin bar ni nada, tan sólo unos servicios públicos, arbolitos y mesitas. Y en todos se veían coches. Quizás una buena forma de combatir los accidentes por cansancio (al final de pesado acabas parando en alguno para estirar las piernas). Por otro lado, interesante el hecho de que no cojan tarjeta débito a la hora de pagar (faillll!, Jorge, te tendría que haber hecho caso, pero al final se me pasó), así que a sacar el taco, quitar la gomilla y empezar a repartir manteca en las maquinitas. Menos mal que venía precavido, ¡si no me veo como los de la plataforma "No vull pagar", pero con los gabachos!

Y por otro lado, curiosos los controles a la salida de los peajes. Se veían policías de aduana en varios de ellos, parando a coches al azar. Y como no podía ser menos, en las afueras de Montpellier me ha tocado el turno a mí. Gente simpática, pero a lo suyo, tanto que me han empezado a registrar y han metido un perro en el maletero, aunque como era de esperar no han encontrado nada interesante para ellos, así que para adelante.

Ahora a dar un paseo y hacer un poco de tiempo hasta las 19.00, cuando he quedado con mi couch hoster de Arlés. ¡Veremos a ver qué tal va la cosa! El día, por lo menos, acompaña: 26 grados y un sol radiente. A aprovechar, que me huelo que el mal tiempo va a comenzar mucho antes de lo que me gustaría :)

Bueno, para despedir dejo una vista del río Ródano, o Rhône, como dicen por aquí (segundo más largo de Francia, tras el Loire), a su paso por la ciudad de Arlés.

Río Rhône a su paso por Arlés

¡Hasta pronto!

ACTUALIZACIÓN: He buscado información de la torre, y se llama Tour de L'Ecorchoir. Para el que le interese, http://www.patrimoine.ville-arles.fr/arles/ville.cfm?action=edifice&id=88